El costo del legado colonial: entre la responsabilidad histórica y la culpa del presente

                                                                                                                                                                                                                               Ruben Carcamo Bourgade

Alguien pide explicaciones de “por qué los 200 millones de personas de la zona Azul tendrían que acoger a los 1.600 millones de la zona roja.”
Y Alguien le responde: “Y porque los habitantes de la zona Azul se vinieron a la zona Roja para esclavizar a las poblaciones locales, matar, violar mujeres y saquear los recursos naturales.”
A los dos les encuentro la razón, pero hay una cuestión moral que no se puede esquivar.
Si durante siglos una parte del mundo invadió y destruyó estructuras sociales en otra parte del mundo, no puede después lavarse las manos frente a las consecuencias de ese proceso y preguntar, con indignación, por qué ahora tiene que hacerse cargo de ellas.
Uno no puede provocar el incendio, enriquecerse con él y, décadas después, quejarse porque el humo llegó hasta su casa.
La historia importa cuando se pretende juzgar moralmente el presente.
Las consecuencias históricas no desaparecen simplemente porque cambien las generaciones Existe algo llamado responsabilidad histórica. Y existe algo todavía más elemental: la decencia de no presentarse como víctima cuando durante siglos se ocupó el lugar del vencedor.
Porque hay una pregunta más incómoda que “¿por qué tenemos que recibirlos?” y es esta –> : ¿Cuánto de lo que hoy nos pertenece fue construido, sobre aquello que ayer les quitamos?

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